El Departamento del Tesoro de EE UU está planteando estándares de control para las cuentas de extranjeros depositadas en el país similares a los de la OCDE. Estas propuestas, sin embargo, ya fracasaron en pasado por la oposición de un Congreso controlado por los republicanos y los lobbies (grupos de presión) del sector financiero. La cuestión, en definitiva, no solo tiene que ver con la evasión fiscal que ciudadanos extranjeros realizan en sus países de origen, sino también con la entrada de capitales en provienen de actividades ilícitas y que constituyen un intento de lavado de dinero.
Según los datos de la ONU, cada año entran en EE UU al menos 1,6 billones de dólares con esta finalidad. «Ofrecer a los clientes privacidad no es ilegal en Estados Unidos, pero si las entidades financieras saben que sus clientes está infringiendo las leyes de sus países de origen, entonces deben actuar», señala Scott Michel, abogado experto en derecho tributario de la firma Caplin & Drysdale, en Washington.
Rothschild cree que las medidas que se toman para asegurarse que las cuentas de los clientes estén debidamente declaradas son «particularmente exigentes». El banco «se adhiere a las normas, los impuestos y los vínculos legales de cada contexto donde opera», asegura una portavoz de la entidad.
Penney, un abogado que trabaja desde hace tiempo para Rotschild llevando a cabo operaciones fiduciarias en la pequeña Isla británica de Guernsey, tiene 56 años y es directivo de la compañía Rothschild Wealth Management & Trust, con sede en Londres. Maneja unos 23.000 millones de dólares, propiedad de unos 7.000 clientes afiliados a oficinas en Milán, Zúrich y Hong Kong. Hace unos años fue elegido «trust del año» por un núcleo selecto de asesores financieros británicos.
En un borrador de su charla en la conferencia de septiembre en San Francisco, titulada «Utilizar el marco fiduciario de Estados Unidos en una óptica de planificación internacional: diez hazañas asombrosas para impresionar a clientes y asociados”, Penney especificó cómo evitar legalmente que un cliente tuviera que pagar impuestos en Estados Unidos y tener que divulgar sus datos a su país de origen.
Penney mencionó el ejemplo de un inversor chino, un tal Wang, residente en Hong Kong y originario del gigante asiático, preocupado por que las autoridades chinas pudieran llegar a conocer su fortuna. Colocando sus fondos en una sociedad de responsabilidad limitada en Nevada, a su vez de propiedad de un fiduciario de Nevada, el efecto es evitar pagar impuestos en Estados Unidos, consideró Penny. No habría formulario al que no se pudiera contestar con: «Ninguna información significativa para el intercambio de informaciones, según los acuerdos entre Hong Kong y Estados Unidos», concluía Penney.
Rothshchild considera que el texto del discurso fue revisado antes de que Penney pudiera pronunciarlo y que en la versión final de la ponencia habían desaparecido los pasajes controvertidos. Por ejemplo, que Estados Unidos es el «mayor país fiscal del mundo»; que su actitud para hacer cumplir las leyes tributarias de otros países es laxa, y que tiene una concepción de “privacidad” doble.
«La ponencia se preparó en respuesta a una petición de los organizadores que querían argumentos controvertidos para animar el debate entre expertos y profesionales», argumentó Rees. «Por eso, cuando se revisó la ponencia, las partes controvertidas fueron eliminadas al considerarse que no representaban a Rothschild ni a la misma opinión de Penney. Por lo tanto, se borraron».

Fuente: el País