Durante décadas, Suiza fue la capital mundial del secreto bancario. Pero ahora las cosas están cambiando. En 2007, el banquero Bradley Birkenfeld, del grupo UBS, denunció que su compañía ayudaba a clientes estadounidenses a evadir impuestos a través de cuentas en el extranjero. Los bancos no salieron indemnes del escándalo. Más de 80 entidades, entre ellas las suizas UBS y Credit Suisse, tuvieron que pagar cerca de 5.000 millones de dólares en multas. También estaba Rothschild Bank, que en junio llegó a un acuerdo con el Departamento de Justicia de EE UU en el que admitía haber ayudado a sus clientes a esconder capitales en el exterior y acordaba pagar una multa de más de 11 millones de dólares. Además, tuvo que cerrar 300 cuentas en las que estaban depositados casi 800 millones de dólares.
Para poner fin a estas prácticas, en 2010 el Gobierno estadounidense aprobó una Ley –la Fatca, por sus siglas en inglés– que obliga a las entidades financieras a notificar las cuentas de sus ciudadanos depositadas en el extranjero y que fija fuertes multas en caso de incumplimiento. En esta misma línea, la OCDE elaboró unas normas incluso más severas para descubrir a los evasores fiscales. Desde 2014, 97 países miembros de este organismo —con las únicas excepciones de tres pequeños países (Bahréin, Nauru, Vanuatu) y uno gigante (Estados Unidos)— acordaron aumentar medidas de control y transparencia para las cuentas bancarias depositadas en el exterior.
«Tengo un gran respeto por Barack Obama, porque sin él jamás habríamos conseguido estándares para los informes bancarios», explica Sven Giegold, diputado de los verdes alemanes en el Parlamento Europeo, quien, sin embargo, añade: «Ahora es el momento de que EE UU entregue a Europa lo que los europeos están dispuestos a entregarle». El Departamento del Tesoro de EE UU ni siquiera pidió disculpas por no sumarse al marco de estándares elaborado por la OCDE. «Estados Unidos ha luchado contra la evasión fiscal internacional actuando directamente en las cuentas depositadas en el exterior», afirmó el portavoz del Tesoro estadounidense Ryan Daniels, puntualizando que la iniciativa de la OCDE «está fundamentada» directamente en la Fatca.
La situación actual representa, sin duda, una buena oportunidad de negocio para los operadores financieros. En el borrador de su discurso en San Francisco, Penney escribió que Estados Unidos es «el mayor paraíso fiscal del mundo». Este país, agregó, carece de «los recursos para hacer cumplir las leyes tributarias extranjeras y no tiene muchas ganas de hacerlo».
En 2010, el Gobierno aprobó una Ley que obliga a las entidades financieras a notificar las cuentas de ciudadanos depositadas en el extranjero
Mientras, las compañías no están perdiendo tiempo para aprovecharse de la situación. Bolton Global Capital, una entidad con sede en Boston (Massachusetts EE UU), hizo circular un email con un ejemplo. Un mexicano adinerado abre una cuenta en Estados Unidos, a través de una entidad con sede en las Islas Vírgenes. En este caso se deberá enviar a las autoridades estadounidenses solo el nombre de la empresa del mexicano, mientras que el nombre del cliente se deberá comunicar únicamente a las autoridades mexicanas.
La decisión de EE UU de no sumarse a los estándares de la OCDE «representa un importante factor de crecimiento de nuestro negocio», escribió el director ejecutivo de Bolton Global Capital, Ray Grenier, en otro correo electrónico dirigido a los banqueros. La compañía está constatando cómo crece cada vez más el número de cuentas bancarias que se trasladan desde Suiza: la normativa de la OCDE fue «el inicio del éxodo», resumió durante una entrevista.