Pero Rothschild no está sola. Otros también están dando el salto: la suiza Cisa Trust, con sede en Ginebra y especializada en el asesoramiento a los latinoamericanos más acaudalados, ya ha pedido permiso para abrir una filial en Pierre (Dakota del Sur), una decisión que responde, según su presidente John J. Ryan Jr., a las “necesidades” de sus clientes extranjeros.
Uno de los principales proveedores de servicios en paraísos fiscales, Trident Trust, movió en diciembre docenas de cuentas de Suiza y las Islas Caimán, entre otros, a Sioux Falls (Dakota del Sur). “Cerramos en las Caimán en diciembre”, confirma Alice Rokahr, presidenta de Trident en Dakota del Sur, uno de los Estados que promueven la confidencialidad y la baja fiscalidad. “Me sorprendió cuántos de los que vinieron aquí eran clientes de bancos suizos que querían sacar su dinero de aquel país”.
Todo el mundo, desde los abogados londinenses hasta los trust suizos se han ofrecido a ayudar a trasladar cuentas corrientes a EE UU
Rokahr y otros asesores sostienen que mantener cierto secretismo en torno a la identidad de sus clientes es legítimo: la confidencialidad sobre depósitos bancarios —en EE UU, Suiza u otros países— les protege frente a secuestros o extorsiones. Las personas con mucho dinero, añade, se sienten más seguras en depositar sus fondos en EE UU que en otros países. Rokahr asegura que «jamás» escuchó «a nadie decir ‘voy a evadir los impuestos’». «Son personas que legítimamente se preocupan por su seguridad».
Nadie piensa que los paraísos fiscales puedan desaparecer de un día para otro. Los bancos suizos siguen salvaguardando unos 1,9 billones de dólares (1,74 billones de euros) de clientes extranjeros, según los cálculos de Gabriel Zucman, profesor de economía en la Universidad de Berkeley, en California. Tampoco queda claro hasta qué punto los casi 100 países que han firmado los acuerdos sobre el intercambio de información de cuentas financieras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) respetan sus obligaciones.
Lo cierto es que no hay nada ilegal en atraer clientes extranjeros para que depositen su dinero en EE UU, garantizando a cambio su total confidencialidad. Pero, siempre y cuando no se esté favoreciendo intencionalmente la evasión fiscal en otros países. En este sentido, EE UU es uno de los pocos países del mundo donde los trusts promueven que se muevan fondos asegurando que las informaciones sobre los depósitos no serán divulgadas a las autoridades extranjeras.